Cada invierno, cuando los demás árboles reposan paralizados por las bajas temperaturas y las escasas horas de luz, el almendro despierta y, antes incluso de desarrollar sus hojas, se cubre con sus espléndidas flores. Desde los meses de Enero y Febrero tenemos la oportunidad de disfrutar del maravilloso paisaje que ofrece la floración de los almendros en la Alpujarra baja – desde la Contraviesa a la Sierra de Lújar –. Los campos alrededor de pueblos como Cádiar, Torvizcón, Rubite, Murtas, Polopos o Sorvilán, se cubren con las llamativas flores de sus almendros, ofreciendo vistas únicas tanto hacia las nevadas cumbres de Sierra Nevada como mirando al mar Mediterráneo. Los almendros, junto a las vides y las higueras, han sido desde hace años, y siguen siendo, los principales cultivos de estos campos, y son también los que confieren su particular fisionomía a este paisaje agrícola. Los sectores ocres de los viñedos son atravesados por las perfectas líneas que dibujan las oscuras cepas, aún desnudas en el mes de Febrero, contrastando con la luminosidad y el colorido de los almendros en flor. Las higueras aparecen también en este paisaje, de forma más discreta, semejando espectros errantes con sus largas ramas desnudas y blanquecinas en esta época del año. 
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